martes, 12 de octubre de 2010

La democracia en las cloacas

Cuando suceden hechos como el de esta semana, en que el pueblo clama claramente a través de encuestas publicadas en periódicos de muy distinto signo, que no quiere a Zapatero como presidente de su Gobierno, cabe hacer un ejercicio sobre en qué se ha convertido (o en qué hemos convertido) la democracia.
Porque, desde luego, lo que era la democracia en su origen, lo hemos desvirtuado por completo.
La palabra tiene su origen en dos vocablos griegos: "Demos", que significa pueblo, y "Kratos", que significa poder o gobierno. "Gobierno del pueblo", pues, sería la definición etimológica de la democracia.
¿Por qué entonces ese gobierno del pueblo lo ejercen unos cuantos? Porque esa "soberanía popular" es delegada en unos cuantos representantes, a través de las elecciones. ¿Significa eso que el resto del tiempo el pueblo no es soberano? A juzgar por las palabras de alguna ministra, sí. Sólo se es demócrata el día de las elecciones. Es la única conclusión que puedo yo sacar de las declaraciones de la siempre sorprendente Carmen Chacón, cuando, al ser preguntada por las encuestas, responde que "Mañana no hay elecciones".
Con eso, lo justifica todo. El pueblo gobierna sólo un día cada cuatro años. La democracia la hemos tirado por el water, asegurándonos luego que la cadena funciona bien para llevarla a las cloacas. Ahí, bien enterrada, en medio de la mierda, para que nadie se acuerde de ella ni se acerque siquiera, porque "huele".
Las gravísimas palabras de la ministra de Defensa dan, entonces, licencia para todo. Una vez que llegas al Gobierno, puedes hacerlo absolutamente todo en contra el pueblo. Aunque el pueblo (¿soberano?) clame a gritos lo contrario. Gobiernas de espaldas a él y, además, como eres "aforado" (la mayor atrocidad contra la democracia que alguien pueda imaginar), pues puedes también delinquir, incluso, que tienes licencia para ello, con cuatro años de margen.
¿Por qué le llaman democracia cuando quieren decir... otra cosa? ¿Es que nos hemos vuelto tan sumamente cobardes que no nos atrevemos a llamar a las cosas por su nombre? ¿Es que acaso no nos ajustamos más a la definición de autocracia?
Así define la RAE a una y a otra:

Democracia:
1.-Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el Gobierno
2.-Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado

Autocracia:
1.-Sistema de gobierno en el cual la voluntad de una sola persona es la suprema Ley.


Teniendo en cuenta que Zapatero hace y deshace, quita y pone ministros según le apetece, y según sople el viento (recuerden que a César Antonio Molina lo echó por cuestiones de "glamour"), y teniendo en cuenta, sobre todo, que en este país existe la "disciplina de voto" o de partido (cuestión que trataré con detalle otro día), ¿creen que de verdad en España vivimos en democracia, o más bien en autocracia?

Yo tengo mis dudas. Bueno, no, no las tengo: democracia no es. Y, realmente, me da mucho miedo que quienes nos gobiernan puedan basar sus estrategias en la fecha en que hay elecciones. Como "mañana" no las hay, vale todo. Me da pánico. Sobre todo cuando hemos llegado al punto en que ni siquiera se cortan de decirlo ante las cámaras y los micrófonos de la prensa. Más fácil sería a la ministra decir: "Señores, que nos la suda su opinión, que sólo la tenemos en cuenta cuando ustedes van a votar, y les lanzamos reclamos tipo cheque-bebé ó 400 euros (que luego tienen que pagar igualmente a través de Hacienda), pero, el resto del tiempo, nos peemos en ustedes"

Pues mira tú que bien


domingo, 10 de octubre de 2010

He matado a la Carla "fuerte"

... si es que algún día existió.
¿A quién quise engañar? Me la he cargado. Daba demasiado trabajo. Ante vosotros está ahora sólo (y sola) la Carla vulnerable, despojada, al fin, de la que se ha dejado la piel luchando, para, al final, perder siempre.
Ya no me vale la pena ser fuerte. Acabé agotada.
¡¡Carnaza!! Sin piedad. No os preocupéis; no me voy a defender más.

sábado, 9 de octubre de 2010

Malas personas.

Que el mal y el bien existen es una realidad. Y en la vida existe gente "normal" que a veces actúa bien y a veces actúa mal. Pero existe un pequeño porcentaje de buenas personas, y otro, aún más pequeño, de malas personas. No quiero parecer ni elemental ni dar una lección de moralidad. Pero me cansa bastante el oír constantemente excusas o calificativos hacia personas que, lo único que les pasa, es algo tan simple como que son malas personas.
El que hace bromitas pesadas o un día te da una patada no es el tipo de mala persona a la que me refiero. No. Hoy quiero hablar de la mala persona que se mete en tu vida con una sonrisa encantadora y ofreciéndote una amistad que, en principio, te parece sincera. Esa mala persona consigue conquistarte y, cuando te tiene en su red, suelta el dardo donde más duele. Y desaparece. O sigue disparando.
Esas malas personas encuentran su carnaza en gente como yo, en personas que nos negamos a pensar mal y a prejuzgar a los demás, y que intentamos ofrecer una amistad sincera. En personas que, como yo, aunque tropecemos mil veces en la misma piedra nos negamos a comulgar con el refrán de "piensa mal y acertarás". En personas que, como yo, seguimos confiando en la raza humana. Seguimos pensando que la palabra "humanidad" tiene origen no sólo etimológicamente en la palabra "humano".
La mala persona actúa con nosotros cual parásito que nos succiona hasta la última gota de sangre. Se aprovecha de nosotros hasta límites insospechados. Y cuando nos deja hechas polvo, destrozadas, llorando, no es que se rían de las lágrimas, no, a la mala persona de verdad esas lágrimas, ese daño, no le causan euforia. Es mucho más sencillo: le causan sólo indiferencia.
Pero lo peor, amigos míos, es que esos lobos con piel de cordero nunca los identificamos a tiempo.
Quienes me conocéis, sabéis que el victimismo no es lo mío. Pero hoy sí soy víctima. Hoy, una vez más, he descubierto cómo intentó una mala persona destruirme. Y, ¿qué queréis?, antes que ser como ellos, prefiero seguir sufriendo

miércoles, 6 de octubre de 2010

Más que un mal día

El cuerpo es un auténtico termómetro de nuestro estado anímico. No estoy descubriendo nada nuevo. Llevo dos días fastidiada, teniendo que marchar del trabajo con fiebre, vómitos, sudores fríos.
Gastritis por estrés es el diagnóstico médico. Decepciones es el diagnóstico mío.
Decepción en el trabajo, porque no tienen en cuenta tu experiencia profesional, les da igual tu opinión, y prefieren seguir equivocándose antes que escuchar tus ideas, y tú vas viendo cómo sin embargo utilizan tu nombre, ése que te llevó 15 años construir con mucho sudor, muchas horas y mucho renunciar a otros aspectos de tu vida.
Decepción en lo personal, porque cuando crees que un amigo te escucha y te entiende y está ahí de confidente, y se establece cierta complicidad, de pronto cambia, de un día para otro, sin darte explicaciones. Es más, cuando se las pides te niega ese cambio que tú percibes, y pierdes a alguien de las pocas personas a las que les has abierto tu corazón sin tapujos. Y pasan a pasar de ti, a huirte, a escaparte, a ni siquiera contestar tus llamadas cuando te humillas una y otra vez a ser tú quien llama porque tu "amigo" no lo hace. Y ni así coge. Y entras en una espiral de la que no sales.
Joder, ¿por qué cuando estás enferma notas más que nunca la soledad? Hiere sin piedad, sientes cada minuto, cada segundo, y sólo deseas que el tiempo pase a toda velocidad sin enterarte de nada.

Tengo fiebre. Tengo mareos. Estoy enferma. ¿Diagnóstico? ¡Yo qué sé! Ya no creo en los médicos

jueves, 30 de septiembre de 2010

Mi isla

Eres suave como el viento que ayuda a sobrellevar el sofocante calor de agosto en una playa cualquiera. No haces preguntas, escuchas, y tratas de entender mi locura y mi contradicción. En mis arranques aguantas la sed que luego me calmas en el vaso de mi libertad atada por la esclavitud que me he impuesto. No quieres nada más allá de este presente que se vuelve eterno cuando lo vivimos juntos. Sin pasado. Sin futuro. Sin utopias.
Cuando te tengo, me sobras. Cuando me faltas, estoy muerta.
Cada segundo contigo es tan blanco como negro. Tan real como imaginado.
Pero eres limpio. Eres sabio e ingenuo. Eres mayor y eres niño. Eres deseo.


Eres mi isla



martes, 28 de septiembre de 2010

Como-me-molo

"Que hablen de uno es espantoso, pero hay algo peor: Que no hablen" (Oscar Wilde)

Hace ya unos días, quedé con mi amiga Isabel Iglesias  en referirme a cierto comentario desafortunado que alguien a quien no tengo el honor de conocer puso en su blog . La persona en cuestión la verdad que debe de ser todo un experto en psiquiatría, porque, insisto que sin conocerme, hizo un diagnóstico de mi personalidad que ni el más perspicaz de mis amigos acertaría a manifestar.
Total, que una a quien su señor padre ha inculcado un espíritu de autocrítica que no veas, y recordando vagamente cierta ocasión en que un amigo psicólogo me hizo un test de personalidad profesional, decide buscar en esta maravilla de internet, hasta tropezarse con un test curioso. Y ¡oiga! Que lo repito una y otra vez, y es una lástima, porque de paranoide me sale un grado moderado, y en cambio descubro que me acerco bastante al narcisismo (¡hay que ver cuánto me quiero!)
Pero, por si hay dudas, yo que soy un libro abierto, aquí dejo los resultados (y de paso practico que HTML para que no me critiquéis)

TrastornoGrado
ParanoideMODERADO
EsquizoideBAJO
EsquizotipicoBAJO
HistrionicoMODERADO
AntisocialBAJO
NarcisistaALTO
LimiteMODERADO
ObsesivoALTO
DependienteMODERADO
EvitadorBAJO

Test de transtorno de personalidad


Como podéis ver, soy una narcisista perdida... Y en mis rasgos obsesivos, desde luego, no seré yo quien contradiga al test, pues la verdad es que cada día que paso sola, más maniática me siento. Pero en fin, que lo de paranoide, como que no me identifica mucho. Y veamos por qué.

Definición de Paranoide: Las personas con personalidad paranoide proyectan su propio conflicto y hostilidad hacia los otros. En general son frías y distantes. Encuentran intenciones hostiles y malévolas detrás de actos triviales, inocentes o incluso positivos y reaccionan con suspicacia a los cambios. Frecuentemente, las suspicacias conducen a conductas agresivas o al rechazo por parte de los demás (justificando así sus sentimientos originales). Los que tienen trastorno de personalidad paranoide a menudo intentan acciones legales contra otros, sobre todo si se sienten indignados y con razón. No son capaces de ver su propio papel dentro del conflicto. Aunque suelen trabajar en relativo aislamiento, pueden ser eficientes y concienzudos. A veces las personas que ya se sienten marginadas a causa de un defecto o una minusvalía (como sordera) son más prospensos a desarrollar una personalidad paranoide.

Sorda, sorda, no soy. En cuanto a las denuncias, de momento acumulo más contra mí, que interpuestas por mí (cuatro contra una, para ser exacta). Por lo demás, ojalá fuese más fría a veces, y la verdad es que aislada no trabajo, aunque sí soy eficiente... Claro que igual por eso soy narcisista (ja-ja-já, cuánto me quiero)

Pero, anécdotas aparte de alguien que tuvo sus cinco minutos de fama en el blog de mi amiga, lo que me ha servido este tema es para pensar que desconocía que me haya convertido en un ser tan importante como para que un desconocido se tome su tiempo en escribir e insultarme en un blog. Y entonces, aunque la cita que encabeza esta entrada la modificaron Unamuno y, posteriormente, Cela, me acuerdo del gran Oscar Wilde: sería terrible, desde luego, que no hablasen de mí.

Así que, querido Juan Álvarez Yanos, sólo quiero darte las gracias por tenerme tan presente en tu mente, pues de ese modo, me siento más viva todavía.

Y si tanto pensáis en mí, ¿cómo pretendéis que no sea narcisista?

Ay, ay, aaaay


martes, 7 de septiembre de 2010

La importancia de (hacer) reir

Admito que tengo muy mala leche. ¿Para qué negarlo? Tanto genio que hasta a veces pienso que me he vuelto "asocial", de tanto coleccionar manías.
Pero hasta en esos momentos en que me siento "contra el mundo", hay algo que a veces me salva por completo: que me hagan reir.
La gente que tiene esa capacidad, os juro que me provoca envidia, envidia sana. Porque si reírse es bueno, saber arrancar sonrisas y hasta carcajadas a los otros es una virtud que convierte en heroico a quien la posee.
No exagero.
Una situación de estrés laboral como la que estoy viviendo puede llegar a ponerte al borde mismo de la locura. Me encierro en mí misma, lo admito, y me ahogo no en un vaso de agua (creo que tener que trabajar 15 ó 16 horas al día no es un vasito), pero me ahogo en mí misma, en una espiral de la que no consigo encontrar el extremo de la madeja para empezar a resolverla.
Y entonces, aparece esa persona, esa llamada, ese mensaje al móvil, al facebook, y te lanza como un cohete, con suma rapidez, lejos de tu submundo, y te arranca la mayor de las carcajadas. Hasta la lágrima, que minutos antes salía de tus ojos, pero en el sentido opuesto al que lo hace ahora.
Es un don único. Es un arte. Y, desde luego, una prueba de una inteligencia supina, que los menos listos confunden con la burla. Existe una enorme diferencia entre el sentido del humor y el sentido de la burla. Tanto, que hasta diría que son lo opuesto. El sentido del humor nos da la vida, nos hace reír y olvidarnos por un momento ya no de los problemas, sino del hecho mismo de que tenemos problemas. Es el acto más generoso que existe. Y da fe de una seguridad supina de quien lo practica: he aprendido a reírme hasta de mí mismo. El sentido de la burla, por el contrario, es lo más egoísta y mezquino que existe: soy un tipo tan, tan, tan inseguro, que sólo disfruto fastidiando a los demás, y si puedo ridiculizarles en público, nadie se dará cuenta de que el ridículo soy yo. La diferencia, desde luego, está clara. Y, sin embargo, cada vez nos encontramos más a los burlescos que van de humoristas.
Eso vuelve aún más heroicos a mis artistas particulares, ese amigo, esa amiga, que cuando me ve en la oscuridad más absoluta, siempre encuentra el interruptor de la luz de mis carcajadas.
Gracias.